EL BUCLE

No sé porqué Argos sigue ladrando en el porche de esta casa como lo hacía ayer cuando salí por el camino conduciendo el viejo escarabajo. Según mi reloj son las cinco y veintitrés de la madrugada. Hoy es 21 de junio del 2015. Hay una hermosa luna creciente en la noche. Tengo un insoportable dolor de cabeza y un amargo regusto en la boca aunque no recuerdo haber tomado más que una copa de vodka con limón la pasada noche en casa de Clara.

Mañana estoy invitado a la anual fiesta del solsticio de verano en la hermosísima mansión de los Coslada. Quizá esté perdiendo la cabeza. Todo en mí es confusión. Ayer, hoy, mañana… El tiempo es confuso. Todo en torno a mí lo es. Esta niebla que se derrama sobre el paisaje no tendría que estar aquí. Los mirlos hace ya un rato que empezaron su canto a la mañana.

Una enorme lechuza ha desplegado sus alas desde un arce no muy lejano y tras lanzarse en picado, ha remontado el vuelo con algún roedor preso en su garras. Su aleteo ha sonado como un interminable eco entre la maleza alejándose en inacabables oleadas.

La recta es interminable aunque tras unos quince minutos de tensa conducción, se vislumbra una curva a la izquierda. La silueta de alguien se dibuja entre la niebla. ¿Quién en su sano juicio es capaz de caminar por esta carretera a estas horas? Anoche, en casa de Clara, juraría que vi a alguien vestido como esta mujer. Es un vestido totalmente fuera de época, de comienzos del siglo pasado diría yo. Me he detenido a su lado y entre temeroso y confundido le he ofrecido acompañarla a su destino en esta extraña carretera. Ha accedido a subir al Volkswagen y tras un interminable silencio me ha confesado que había asistido la noche anterior a una fiesta en la mansión de los Coslada y que recuerda haberme visto.

Debe estar perturbada. Me ha comentado que desde 1915 Clara viene invitándola cada solsticio de verano a su casa. Y afirma que cada año, viene a encontrarse por este camino con alguien como yo, perdido en un eterno bucle del tiempo. Esto no tiene ningún sentido. He vuelto a casa oyendo a Argos ladrar a una lechuza en mitad de la madrugada. Hoy es 20 de junio y mañana me esperan en casa de Clara y Ernesto Coslada.

El frío de la mañana se ve reforzado por esta extraña niebla fuera del tiempo, de este verano, de esta imposible noche que se repite cada año.

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