ODA A BILLY THE KID

ODA A BILLY THE KID

A RAMÓN J. SENDER

Parafraseando a Fray Luis de León con su “como decíamos ayer…”, retomo el artículo anterior y le rindo merecido tributo a Don Ramón José Sender Garcés, el escritor español del que hablábamos a raíz de su novela El bandido adolescente. Mi madre, que ha sido la que me inoculó en vena la pasión por la lectura hace muchos lustros, cogió de la biblioteca del instituto Coloma ese libro que ella no conocía del aragonés y le encantó. Lo solicité a posteriori y desde las primeras páginas me enamoré apasionadamente del personaje y de la forma de narrar de Ramón. Es en verdad una hermosísima novela que desprende un encanto y un aura especiales. Un acto de amor, comprensión y respeto por Billy, y también una mirada a la persona más que al personaje. Todo un viaje a unos territorios algo ajenos a mis lecturas habituales pero muy cercanos en lo cinematográfico.

Casi al final Sender hace su particular homenaje en forma de oda al ya asesinado William Bonney (Billy el niño). Me pareció tan emocionante que no tuve más remedio que grabarla con mi propia voz en el móvil, poniendo de música de fondo un tema de la propia banda sonora, tan lírica como nostálgica, de Bob Dylan. Desde aquel día y según me de, me sirve como despertador cada vez que salgo de viaje. Una frikada más en mi vida no se nota nada, ¿verdad?. Que lo disfrutéis.

Guillermo Bonney el mentado/ por los chicos y los grandes/ que en sus años infantiles/ supo vengar a su madre/ Guillermo Bonney nacido/ en la lejana ciudad/ que vino a este territorio/ como otros hombres cabales/ y ahora duerme en su cama/ el sueño de los mortales/ Mira como tus amigos/ venimos aquí a cantarte/ con el llanto de los ojos/ y el corazón de los cuates/ que también nosotros somos/ mexicanos naturales/ Sin miedo de ningún gringo/ ni sheriffes ni marshalles/ Sin miedo de las pistolas/ y los rifles federales/ Sin miedo de las habladas/ aunque sean judiciales/ Aquí meros mexicanos/ con nuestra materna sangre/ aquí puestos por castigo/ de alcahuetes y cobardes/ Nosotros los que cargamos/ hierro al cinto y cordobanes/ y en el alforjín tenemos/ tacos de chile y tamales/ Nosotros aquí venimos/ antes de los funerales/ llorosos y arrepentidos/ por haber llegado tarde/ que de saberlo estaría/ vivo su merced en la calle/ En todo caso aquí estamos/ los mexicanos cabales/ El corazón en la mano/ y dispuestos a alabarte/ Cantadores somos todos/ de guitarra y de guarache/ teniendo bien aprendido/ tu valor y tu coraje/ Lo mismo muerto que vivo/ en el monte o en el valle/ que nunca en malas peleas/ te vieron chicos ni grandes/ Paloma de mexicanos/ y tigre de los apaches/ sin pedir nunca cuartel/ ni al enemigo entregarte/ epidemia de los gringos/ y merma de sus caudales/ Hermano de los humildes/ que no hacemos mal a nadie/ sino es cuando nos provocan/ en el monte o en el valle/ Nosotros aquí venimos/ con la congoja en la sangre/ porque nuestros corazones/ están llorando a raudales/ ¡Ay, Billy the kid el noble!/ el galán de los galanes/ el que también defendiera/ a McSween y a los Tunstalles/ contra los que la justicia/ que cobran lo que no valen/ y si ellos vienen del norte/ en caballos alazanes/ del sur venimos nosotros/ y somos charros cabales/ que venimos desde Texas/ jineteando por los valles/ con una faca en el cinto/ y plomo en los costillares/ Así lo dijo Llomero/ Sebastián de los corrales:/ aquí he llegado el primero/ con los dedos en los trastes/ de la guitarra y el pecho/ para venir a cantarte/ Que te reciban sin falta/ en los cielos de Dios padre/ por buen jinete ranchero/ y por lo mucho que vales/ Salgan los Santos del cielo/ salgan cantando la Salve/ y con ramos de palmera/ vayan todos a esperarte/ a la orilla de la gloria/ que con valor te ganaste/ Que los parientes te lleven/ al cementerio a enterrarte/ que las hembras no se olviden/ de tu mamá a quien vengaste/ Que las mujeres sin cuento/ recen al caer la tarde/ cuatrocientos padrenuestros/ después de los funerales/ Que cada cual te pregone/ diciendo puras verdades/ y bendigan tus amores/ al lujo de los altares/ Que nadie se olvide nunca/ del “kid” valiente y que guarde/ cada cual en su recuerdo/ tu memoria venerable/ Así el día de difuntos/ iremos a la ciudade/ a llevar flores al lado/ de tu cruz y tus rosales/ Y así la tumba de mármol/ tenga tu nombre natale/ Billy the kid el mentado/ aquí vinimos en balde/ y que al saber la desgracia/ reunieron sus caudales/ para comprar la corona/ de claveles naturales/ Que Dios y la santa Virgen/ de Guadalupe te paguen/ los muchos bienes que hiciste/ a las gentes que lo valen/ Y te olviden, si es el caso/ los pecados veniales/ que sin querer cometiste/ en tu vida perdurable/ Amén

Un maestro vuelto del exilio

P.d. Si habéis leído esto, sois la resistencia de la resistencia…

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Pablo Solís del Junco

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