¿FEMINAE FILMAX?

¿FEMINAE FILMAX?

MUJERES, OFICIO DE DIRECCIÓN

Ando confundido. Confundido y turulato por la situación pandémica tan horrorosa que nos ha tocado vivir a todos y cada uno de los seres de esta tierra, que ya nos vale. De eso ya tengo mi ración de incomprensión, dudas, asombro, respeto y angustia. Lo dicho, turulato y también contradictorio, pero por algo mucho más mundano y menos profundo, y es que este blog en el que colaboro gracias a la empatía de mi amigo José Manuel, trata de cultura e historias, de saberes y letras.

Soy y me siento contradictorio cuando me levanto, contradictorio en el desayuno, almuerzo, merienda y cena, y contradictorio en casi todos los órdenes de mi vida. A mucha honra, vive Dios. Nunca me fié de las personas categóricas que tienen todo muy claro en sus existencias. Ya habréis adivinado que la palabra mágica es… contradictorio. Hoy escribo sobre algo en lo que no creo demasiado. No hablo de las mujeres, a las que quiero en todas sus vertientes, admiro muchísimo y llegan a desestabilizarme a partes iguales. Una mujer me parió y muchas de mis grandes amistades han sido y son mujeres. Mi pareja es mujer y también un planeta alrededor del cual orbito, de ahí que dé gracias todas las mañanas por despertar junto a ella, pobre de mí, satélite lunático y lunero cascabelero. Ni siquiera hablo de que ellas se pongan o no a dirigir películas, sino del título de este artículo y lo que quiero decir con él.

Para empezar no me gustan las etiquetas, nunca me gustaron. Sé que esta sociedad tiende a etiquetar y empaquetar todo en cajones estanco; parecemos más artículos de cualquier empresa de transportes que personas hechas y derechas, y en lo que a mí respecta, ni hablar del peluquín. Yo lucho en mi vida cotidiana y personal por no caer en ese error, y si lo hago, rectifico. Intento evitar los prejuicios de valor establecidos, y eso es difícil, porque todos nos los hemos ido creando con nuestras experiencias y relaciones que nos dicen esto o lo otro. Me siento como un salmón que nada a contracorriente en el río de la vida.

Eso de crear una división entre hombres y mujeres en cualquier orden vital es a mi entender retrógrado, más cuando se trata del proceso de creación en la faceta artística que sea. Está claro que somos diferentes en muchos aspectos, desde lo fisiológico a las prioridades pasando por la educación recibida, pero somos ante todo personas humanas, que diría Lopera. Y como tales actuamos. Todos tenemos un lado femenino y otro masculino en nuestro interior, independientemente del sexo que nos haya tocado. Un ejemplo soy yo mismo. Un hombre al que su moderna y desprejuiciada madre le ponía de bebé -y de más mayor- a veces ropas de color rosa (han leído bien, rosa) y otras ocasiones azul, rompiendo con los arquetipos ancestrales de chico-azul/chica-rosa. Y bromeando digo que por eso y por otros detalles que no vienen al caso tengo una mayor sensibilidad femenina de lo normal. Pero no quiere decir nada más que eso. Me siento ser humano en toda su plenitud. No me autoetiqueto. Sé que voy a levantar ampollas por las opiniones vertidas en este artículo, pero es lo que pienso y he de ser coherente con mi pensamiento.

Mi crítica se centra en la creación socialmente aceptada de frases y movimientos tipo “grupo de mujeres directoras”, “festival de mujeres cineastas” o “películas con visión femenina”. Esto resulta carpetovetónico, huele a muerto en Dinamarca, y a mi parecer va en contra de las propias mujeres; es como colocarlas en un guetto. Desde luego no lo necesitan en absoluto. Al revés, se requiere normalización. Entiendo, comparto y hasta defiendo que en su momento, cuando las mujeres eran silenciadas, apartadas y ninguneadas en cualquier aspecto de la vida, hubiera una clara visualización de sus deseos y discursos, pero ahora me parece totalmente innecesario. Sinceramente pienso que el estilo y la óptica femenina no existen en el arte. Son paparruchas que se han inventado los políticamente correctos para quedar bien con el colectivo. Que quede claro, tampoco la visión masculina, ¿eh? Ahora lo explicaré.

He visto mucho cine. Bueno, malo, horripilante y muy hermoso, éticamente lamentable con calidad fílmica y otro honesto hasta la médula pero pobre en resultado, divertido y trágico (a veces las dos cosas juntas), pero nunca, nunca me he parado a pensar, más allá de la pura información, si lo había dirigido una mujer o un hombre. ¿Y sabéis por qué? Porque he visto de todo. Desde hombres que dirigían películas con una sensibilidad tan femenina que se encontraban muy cerca de desentrañar el universo de la mujer (directores grandiosos como Douglas Sirk, Ingmar Bergman, Todd Haynes o el mismo Pedro Almodóvar) a féminas que narraban historias “con visión masculina o temas que se consideran masculinos” como Kathryn Bigelow. Incluso un hombre filmando como un macho y una mujer realizando delicadas obras cinematográficas. Una locura total. Imaginaos el enorme abanico de posibilidades. El mismo cine francés que adora en los altares a nuestro ilustre manchego (el de Calzada de Calatrava, no os lieis), tiene claros ejemplos de hombres que a lo largo de la historia muestran a la mujer y la narran, y la fotografían, y la interiorizan como si fueran una de ellas. Aquí en la piel de toro tenemos a los Javis y allende los Pirineos a los François: Truffaut y Ozon, grandes conocedores del alma femenina.

Curiosamente cómo anécdota personal diré que hace solo unos días fui con mi pareja al cine de verano en el antiguo Astoria, y pasamos una velada estupenda entre bocadillos y cervezas; con los geniales Cinetones tocando música en directo mientras se proyectaban obras fílmicas de la época muda. Era una noche dedicada a cineastas mujeres, pero no fui por eso, sino por mi pasión y mi curiosidad entre sana y enfermiza por el séptimo arte.

Por todo esto y mucho más os pido a todos que no tengáis en cuenta el sexo sino el conocimiento, que por supuesto no se me entienda mal y que las mujeres tengan las MISMAS oportunidades que los hombres, y que ni ovarios ni cojones se pongan encima de la mesa. Que donde se pongan talentos y sensibilidades desaparezcan los egos y las disputas, y que si éstas suceden, que se acabe sumando en vez de dividir.

El circo romano abre sus puertas. Los leones están hambrientos. Alea jacta est.

P.d. Si habéis leído esto, sois la resistencia…

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Pablo Solís del Junco

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